En los momentos difíciles, sosténlos, consuela sus corazones, y corona su trabajo de frutos espirituales.

sábado, 16 de marzo de 2013

Maewyn, el misionero


Maewyn nació hace muchos, muchísimos años en alguna costa europea. Desde chico, gracias a su familia, fue educado en la fe católica mientras el Imperio Romano se derrumbaba de a poco. Pero los giros de las vidas juegan con estas cosas. Un comienzo típico, casi aburrido desde un punto de vista novelero, pero que fluirá en algo más grande, que con el tiempo se mezclará entre el consumismo, la fe y la cerveza. 
Ocurre una noche cuando transitaba los dieciséis años. Unos ladrones entran en su casa con mucha violencia y arrebatan la vida de los padres del joven Maewyn. Quizás piensan en hacer lo mismo con él y sus hermanos, pero en vez de eso son atados y llevados como prisioneros para ser esclavos en una isla. Una isla justo en donde el Atlántico comienza su camino a la inmensidad. 
Es tratado (Vendido ¿quién sabe?) como un objeto solo dedicado al trabajo. Las ovejas y su cuidado fueron su labor, mientras, a pesar de todo, se dedicaba a la oración, bajo lluvia, nieve vientos y climas insoportables. Y siendo, obviamente, un esclavo, durante seis años. Pero en algún momento descubre que puede, que debe, salir de esa isla; que necesita escaparse porque algo más lo espera. Con su Dios de guía logra irse, llega a la costa, encuentra un barco y decide sumarse a su tripulación. El capitán se le ríe en la cara pero el joven Maewyn insiste y logra convencerlo. Y después de un penoso viaje llega a su tierra natal, vuelve a su casa, se reencuentra con su familia. Parece ser el final hermoso y feliz de una buena película, pero es en realidad el comienzo de todo. 
No logra olvidarse de sus años de sufrimiento, no olvida aquellas tierras ni aquellas gentes, tiene un sueño, tiene una visión, se decide. Busca a un primo, uno que era sacerdote o ya obispo, aquel Martín que se había instalado en Tours, y comienza sus estudios de ciencias sagradas en el monasterio. Años después se ordena sacerdote, y pasa unos años haciendo vida monacal. Hasta que se entera de los rumores: Las misiones católicas en la tierra que lo tuvo como esclavo no paran de fracasar. Maewyn siente el llamado, siente su misión, allí donde cualquier otro humano llamaría infierno. Aquel lugar donde peor la había pasado, donde sus dolores se mezclaban con su soledad y su trabajo. Se entrevista con el papa, consigue el permiso para viajar, arma un grupo de misioneros y parte a Irlanda. 
No lo reciben bien, debe viajar al norte de la isla y muy de a poco comienza el camino de su misión. Busca a quien lo tuvo como esclavo, lo perdona, lo invita a confesarse y unirse a él. No lo logra, o eso dicen, pero camina y camina, conoce el lenguaje, la cultura, las tradiciones de aquella tierra. Solo así, piensa para sí mismo, se puede anunciar a Jesús. Se mete de lleno en su historia, bautiza, celebra, convierte; no tiene mártires ni derrama sangre. Solo lleva el evangelio y el mensaje pacífico. El rey lo quiere conocer y se impresiona. "Puedes anunciar por toda la isla, te lo permito". Se lo comienza a conocer por su obra, su austeridad, su sinceridad y su amor. Es que ama aquello que los hombres dirían que debe odiar. Elije moverse no por venganza, sino por amor. Dicen que aquella tierra es su tierra. Dicen que nunca se olvidarán de él. 
Misiona y educa porque solo así tiene sentido su labor. ¿De qué sirve hablar de Dios si el pueblo no sabe leer y escribir?
Su simpleza para misionar y meterse en cada aspecto cultural, social y religioso de Irlanda sorprende a todos y a todas. Dicen que una tarde le piden que explique la santísima trinidad. Lo hace simple, toma un trébol de aquellos que abundan en esas tierras y dice: "Una hoja es el Padre, otra el Hijo y otra el Espíritu Santo, son tres que a la vez son uno"
Su historia se convirtió después en una historia comercial, los descendientes de sus misionados lo llevaron a la tierra madre de los negocios y desde allí el verde, el trébol y la cerveza tuvieron todo tipo de explicaciones. Su figura se vendió, su mensaje se perdió y pocos hoy preguntan quién fue. Solo se juntan en su nombre a olvidar penas, levantarse una dama o vaya a saber qué. 
Dicen que amó aquello que debió odiar. Dicen que se fue un 17 de Marzo. Dicen que nadie lo llamó por su nombre original. Lo llamaron Patricio. Patricio de Irlanda. San Patricio de Irlanda.

lunes, 25 de febrero de 2013

Río Luján 2012: Peregrinos bajo la Luna


"Bajo el cielo infinito, existe sólo una gran familia"  Confucio


Fueron unos minutos, unos pequeños pero eternos momentos caminando todos juntos bajo una luna imponente, con las estrellas como testigo...
Río Luján 2012 aparecía para mi como un misterio en los días previos. Terminó siendo, sin lugar a dudas, la misión del reencuentro con uno mismo. A lo largo de cinco días descubrimos cuan simple y grande puede ser nuestra obra y como nuestras manos pueden ser ofrecidas al reino de Jesús, el de la justicia y el amor. 
Cuando los discípulos de Jesús visitaban pueblos, llevaban la palabra de su maestro, curaban enfermos, hablaban a multitudes, hacían milagros y luego se iban. Así le paso a tipos como Pedro o Pablo. Formaban comunidades que luego tenían que aprender a trabajar juntos, a ser uno y no depender del apóstol o discípulo que la había creado. Pero en más de una ocasión estas comunidades con el correr del tiempo mostraban algunos problemas, tenían sus divisiones y sus diferencias, malos entendidos, etc. Entonces aquellos que habían sido fundadores, volvían a visitarlos o escribían cartas para guiarlos en el mensaje de Jesús. En un contexto similar se escribió, por ejemplo, la carta de San Pablo a los cristianos de Corintio. 
Así que en cierto punto iba con esa incertidumbre, no sabía como estaba la pequeña y precaria comunidad que habíamos dejado el año anterior después de ese inolvidable fogón. No sabía cuanto trabajo tendríamos por delante y ni siquiera sabía, en realidad ninguno sabía, si alguno de los nenes siquiera se iba a acordar de nuestras caras o nombres. 
Pero bueno, evidentemente algo hicimos bien ese primer año, porque no solo que los nenes se acordaban de nosotros sino también las señoras de la capilla. Aunque la capilla no puedo decir que es la misma, tiene vida, se nota. Hay catequesis, grupo de oración y misión, misa seguido. La gente siente la presencia de una capilla y de una comunidad que intenta hacerse lugar entre las necesidades del barrio. De manera apaciguada quizás, dando los primeros pasos, pero firme. Le falta mucho todavía, obvio, pero va en buen camino.
Ese crecimiento, la comunidad se lo debe al nuevo sacerdote, el Padre Hernán, quien puso al barrio como una de sus prioridades al llegar a la parroquia de Manzanares (San Luis Gonzaga) y creo también, me sumo un porotito, a la comunidad San Patricio. Como todo aquel que haya ido a misionar sabrá, volver a un lugar donde uno estuvo un año antes misionando es ver recuerdos por cada rincón. Y de cada lugar uno trata de rememorar todo y trasmitirlo a aquellos que visitan ese lugar por primera vez. La comodidad de dormir en la parroquia, para cargar bien energías y la posibilidad de contar con una buena cocina y una buena ducha, marcaban la diferencia. Es cierto, la parroquia queda a 3 o 4 kilómetros de la capilla, pero ese trayecto en colectivo a la mañana se volvía de lo más divertido. Y la vuelta a la tardecita noche no se quedaba atrás. La canchita para jugar a la pelota y el merendero donde poder almorzar cerraban un panorama perfecto y más aún cuando las primeras experiencias de misión por las casas eran tan hermosas.

Pero por alguna extraña razón, dentro del plan de Dios claramente, cuando las cosas parecen hermosas y simples, algo aparece para ponerte a prueba, un desafío para cada uno en lo personal y para todos como comunidad. Y las coincidencias o el que vaya a saber qué de las cosas. Porque no entiendo, ya que el primer día de misión me levanté y repartí unas golosinas con el mensaje "Para endulzar los momentos amargos durante la misión" y pareció a propósito. ¿Será que Dios realmente está hasta en los detalles más chicos y nosotros simplemente somos sus herramientas? ¿Será que realmente seguimos sin ver esto?
Resultó que ese mismo día las cosas no nos salieron tan bien como esperábamos. Cosas de misión, que suelen pasar: Los nenes no te hacen tanto caso, porque no respetan nada porque, lamentablemente, nadie los respeta a ellos,  los juegos no salen bien, te sentís abatido, la misa es un desastre y encima no va nadie, la guitarra desafinada y una larga lista de detalles que suelen abandonarte y dejarte, a vos y a todos, con unas cuantas lágrimas en los ojos. 
Pero quizás el buen Dios sabía que a todos nos andaba haciendo falta un abrazo, entonces hizo que nos abrazáramos.. Y el buen Dios, sabe mostrarte que todavía hay esperanza. Porque sí, lo sé, fue una gran coincidencia y todo eso que me vas a decir vos, mi amigo el escéptico. Pero se lo que viví y como lo viví. Estar sentado en la misa tocando en el coro con una gran amiga y catequista, viendo a varios con caras largas abatidos, y comenzar a cantar "Esperando contra toda esperanza" mientras el peor de los nenes, un pequeño demonio hecho niño, se acercaba y rezaba... y bueno, un escalofrío te recorre el cuerpo. Porque sentís que hay esperanza, que valía la pena seguir laburando y dando todo por esos nenes que, en muchos casos, nunca habían tenido nada. Saber que buena parte de nuestra sociedad quizás ya los daría por perdidos, o como personas que no valen la pena, saber que eso es tan lejano del mensaje de Jesús, de ese amor por el más pequeño de todos nuestros hermanos. Fue un instante en el que supe que a pesar de todo, valía la pena estar ahí. Y lloré, de la emoción, del orgullo de formar parte de ese grupo. De ver a tan enormes personas haciendo frente a un laburo hermoso, maravilloso, lleno de amor y tan solidario como ir a misionar. 

Ese día a la mañana con mi compañera de misión habíamos repartido, en nuestra oración matutina, un hilo a cada uno. Y les habíamos enseñado a hacer un nudo en particular, con la intención que lo hicieran en cada momento de la misión en la que sintiera a Dios o vieran su presencia representada en algo o alguien. No se si alguno habrá hecho lo mismo que yo, pero no dudé en sentarme en la puerta de la capilla a hacer no uno, sino varios nudos.
Es en estos momentos cuando descubrís (O recordas otras veces) por qué necesitamos de otras personas, por qué Dios nos pone a trabajar en comunidad, por qué si realmente buscamos el cambio en el planeta tenemos que entender que ese cambio debemos hacerlo entre todos. Si no tenes a alguien que te levante cuando caes, si no tenes a alguien que te abrece y te escuche, si no tenes a alguien que quiera llorar con vos, nada tiene sentido. Y esas cosas pasan porque las necesitamos, Jesús lo supo y por eso los envió de dos en dos.
Río Luján 2012 fue la misión de las situaciones bizarras, del saber qué personas Dios va poniendo al lado tuyo para que caminen juntos. Fue descubrir que hay un porqué, que Dios no junta a las personas porque si. Con el correr de los días la catequesis con los nenes fue en aumento, se vivieron situaciones hermosas, esas caricias al alma disfrazadas de abrazos tiernos o de palabras justas. Fueron los días del mate, de las anécdotas, de las tardes descansando, de las guitarreadas, del abrazo fraterno, del Eber y del carnaval adelantado por la alegría de compartir la vida. Fue la tarde última de juegos con los nenes y la murga moviendo al barrio mientras algunos, quizás los últimos en enterarse, preguntaban: "¿Quiénes son estos?". 
Es la sonrisa de cada uno de los nenes lo que te llevas de una misión, el "Gracias" de cada casa que visitas, no porque lleves un volante o los invites a misa, sino por ir al encuentro, al compartir, al sabernos y descubrirnos hermanos. 

En uno de aquellos días, en una hermosa casa que visitamos y en donde nos permitieron bañarnos, se me ocurrió con alguien volver caminando a la parroquia. Una caminata de unos cuarenta minutos pero de las más hermosas. Al día siguiente salió la idea de volvernos todos juntos caminando. No estábamos todos, es cierto, pero fue en esa caminata, en esa vuelta a casa, cuando lo comprobé. Cuando vi que el Tata disfrazado de clima nos regalaba esa hermosa y enorme Luna, ese cielo lleno de estrellas y ese clima tan pacífico. Comprobé que podíamos cambiar, que podíamos tener nuestras diferencias, amistades, alejamientos, pero que siempre caminábamos juntos. Comprobé que éramos peregrinos bajo la Luna. Es que San Patricio caminó, camina y caminará siempre, como los peregrinos. A veces descalzos, a veces bajo el sol que quema, parando a descansar o bancar a uno, cargando al que ya no puede, todos juntos, por eso de "Que todos sean uno para que el mundo crea". Yendo hacia alguna verdad, hacia la respuesta, esa que quizás nunca sabremos.
Allí lo recordé, algo de un viejo encuentro de Confirmación. ¿Quién sabe por qué volvió ese recuerdo a mi en ese momento? Pero como si fuese mío lo recitaba dentro mio. Aquel mantra de Unificación:

Los hijos de los hombres son uno y yo soy uno con ellos.
Trato de amar y no odiar;
Trato de servir y no exigir servicio;
Trato de curar y no herir.

 Que el dolor traiga la debida recompensa de luz y amor.
Que el alma controle la forma externa,
La vida y todos los acontecimientos,
Y traiga a la luz el Amor
Que subyace en todo cuanto ocurre en esta época.

 Que venga la visión y la percepción interna.
Que el porvenir sea revelado.
Que la unión interna sea demostrada.
Que cesen las divisiones externas.
Que prevalezca el amor.
Que todos los hombres amen.

No lloré porque no quise. No importa, en esos momentos, los ciclos terminados o las cosas no resueltas. Solo importa caminar, seguir caminando. Y con gente tan hermosa como ellos ¿Quién no seguiría caminando?

martes, 19 de febrero de 2013

Parábola del lápiz


El nieto preguntó a su abuelo:
- ¿Abuelo, estás escribiendo una historia que nos pasa a los dos? ¿Es, por casualidad, una historia sobre mí­?
El abuelo dejó de escribir, sonrió y le dijo al nieto:
- Estoy escribiendo sobre ti, es cierto. Sin embargo, más importante que las palabras, es el lápiz que estoy usando. Me gustaría que tú fueses como él cuando crezcas.
El nieto miró el lápiz intrigado, y no vio nada de especial en él, y preguntó:
- ¿Qué tiene de particular ese lápiz?
El abuelo le respondió:
- Todo depende del modo en que mires las cosas. Hay en él cinco cualidades que, si consigues mantenerlas, harán siempre de ti una persona en paz con el mundo.
Primera cualidad:Puedes hacer grandes cosas, pero no olvides nunca que existe una mano que guía tus pasos.Esta mano la llamamos Dios, y siempre te conducirá en dirección a su voluntad.
Segunda cualidad: De vez en cuando necesitas dejar lo que estás escribiendo y usar el sacapuntas. Eso hace que el lápiz sufra un poco, pero al final, estará más afilado. Por lo tanto, debes ser capaz de soportar algunos dolores, porque te harán mejor persona.
Tercera cualidad: El lápiz siempre permite que usemos una goma para borrar aquello que está mal. Entiende que corregir algo que hemos hecho no es necesariamente algo malo, sino algo importante para mantenernos en el camino de la justicia.
Cuarta cualidad: Lo que realmente importa en el lápiz no es la madera ni su forma exterior, sino el grafito que hay dentro. Por lo tanto, cuida siempre de lo que sucede en tu interior.
Quinta cualidad: El lápiz siempre deja una marca. De la misma manera, has de saber que todo lo que hagas en la vida, dejará trazos. Por eso intenta ser consciente de cada acción.

viernes, 8 de febrero de 2013

Durante muchos años los hombres han buscado a Dios en las cosas más grandes, en las obras mas estrepitosas y en la propia grandeza (o supuesta grandeza) de sus acciones. Lo que los hombres no suelen descubrir es la presencia de Dios en las cosas más pequeñas. En lo simple y cotidiano. Mientras más pequeño, más Dios.
No creo que haya definiciones ni explicaciones para saber qué es Dios o quién es Dios. Sólo las palabras de cada uno basadas en la experiencia de vida. No creo que pueda haber una definición que logre convencer a todo el mundo. No creo que se pueda y no creo que valga la pena. Dios es algo más.
Por eso, con la simpleza de una entrada de un blog, busco explicar la experiencia de un Dios simple y humano que vive en la cotidianeidad de los días, para toda la humanidad.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Las causas perdidas valen la pena

Estas últimas dos semanas fueron realmente muy movilizantes para mi. Entre el retiro de Confirmación (Una nueva camada de pibes que muestran sus ganas de cambiar el mundo) la ceremonia del sacramento, encuentros de jóvenes, etc, mi corazón fue viviendo muchos momentos de esos que te hacen olvidar de las cosas que tenés que hacer para el laburo o el estudio. Pero lo que mas me movilizó en estas semanas, en estos días fue, simplemente, una grulla de papel.
A ver, hace algunos años leí la historia de Sadako Sasaki, una niña japonesa que vivía en Hiroshima cuando los Estados Unidos descargó su furia nuclear. Sobrevivió al bombardeo pero años después desarrolló una cáncer fulminante en la sangre (Leucemia). Internada en el hospital, escuchó de una amiga la antigua leyenda que decía que si alguien lograba hacer 1000 grullas de papel (El ancestro arte del Origami) los dioses le concedían un deseo. Comenzó con la tarea para poder pedir una cura, hasta que conoció a un chico de su edad que también estaba enfermo, solo que había perdido y ya sabía que iba a morir. Entonces Sadako supo que el problema era la falta de paz que el mundo sufría. Por eso quiso llegar a tal número de grullas para pedir por la paz en el mundo. Pasadas las 600 murió y sus amigos y compañeros de colegio completaron la tarea. Hoy la historia es símbolo de los movimientos pacifistas y miles de personas ponen sus manos al servicio de la paz haciendo grullas en todo el mundo, con la esperanza de despertar algo en los corazones de los hombres y mujeres.
Durante un tiempo la historia y la idea de hacer mil grullas (O más) me rodeó por la cabeza pero nunca pasó al siguiente paso. Hasta este año, en que la idea volvió y con fuerza. Me parecía que un simple pedazo de papel podía inspirar mucho. Por eso hace unas semanas propuse la idea en el grupo de jóvenes, y a decir verdad mucha compañía no encontré. Solo un par de amigos que me preguntabas cómo hacer una grulla.
Pocos minutos antes de irme de retiro de confirmación, mientras armaba el bolso, vi los papeles en casa y me dije: ¿Por qué no llevarlos? Quizás podía ponerme a hacer ahí y algunos se copaba. Finalmente los llevé y fue la mejor decisión que pude haber tomado. Solo bastó que me ponga a hacer para que vengas otros a preguntarme qué hacía y por qué. Luego aparecían los que ya sabían hacer, y también se prendían. Volví del retiro con muchísimas ganas de hacer grullas y sentí a mucha gente acompañarme.
Es que todos juntos pensamos en la causas perdidas, esas cosas que parecen no tener sentido, que nadie se prendería. ¿Trabajar por la paz? ¿Para qué? Si el mundo nunca estará en paz. Es entonces cuando uno piensa en Jesús y su causa perdida. Dando la vida por amor, sabiendo que pocos entendían su mensaje y quizás, poco lo entenderían después.
Resulta que yo creo que Las causas perdidas valen la pena. Por más que uno sepa que quizás no genere nada, no cambia nada, nunca se sabe. Cuando uno pone todo su amor, su fe y, sobre todo, sus manos al servicio del otro, de la paz, de la justicia, tarde o temprano las cosas cambian. La injusticia se transforma en justicia, la guerra en paz, la opresión en igualdad, el odio en amor. Esta es la transformación que Jesús buscó para su pueblo, para sus hermanos.

Hace dos noches cuando llegamos a las mil grullas no lo podía creer. Por un lado porque solo habíamos tardado dos semanas, por otro lado porque me imaginaba solo en esta empresa. Ver a varios jóvenes, de confirmación, de San Patricio, de San Francisco Javier, amigos de amigos, haciendo grullas me movilizó. Cuando llegamos a la mil, gesto que me tocó a mi, aguanté las ganas de llorar solo porque no sabía si estaba bien o no llorar. Pero hoy se que si lo hacía alguno más hubiese llorado conmigo de la emoción.
Al llegar a la grulla mil, avisé a amigos que no estaban presente ahí en ese momento. Fue cuando me enteré de algo que me puso la piel de gallina. Alguien de por ahí que se había enterado de nuestra historia, de nuestra idea, de nuestro proyecto, mientras sufría el tratamiento por un cáncer, ese mismo día, ese mismo Sábado, había terminado el tratamiento y todo había salido bien. Creer o reventar, o no, ¿Quién sabe?
Y encima de todo esto, al terminar la grulla mil, ¿Qué podíamos hacer? Más grullas. Así que la tarea siguió y hoy superamos las 1500 grullas. No se cuantas más haremos, no se hasta cuando haremos, pero sí se que estos sentimientos no me los voy a olvidar nunca.
Tampoco se cual será la próxima causa perdida que emprenderemos pero sé, estoy seguro que todos lo sabemos, que valdrá la pena.
Es porque LAS CAUSAS PERDIDAS VALEN LA PENA.

lunes, 29 de octubre de 2012

"Que la bondad de ustedes sea conocida por todos"

Resulta que también la Comunidad San Francisco Javier eligió lema de misión. Esa que realizaremos en Enero de 2013 en Ranchos, cerquita de Chascomús.
"Que la bondad de ustedes sea conocida por todos"
Me pareció muy interesante para trabajar. Porque creo que un misionero lleva algo más que un mensaje bonito de amor y paz. Mucho más. Y ese mensaje que lleva, el de la justicia practicada por Jesús, se hace desde la vida misma, desde el ejemplo, desde la transparencia en todo momento. La bondad de los misioneros, que practican puertas adentro no debe quedar ahí. Todo el mundo (En este caso la comunidad de Ranchos) debe conocerla, debe conocer su manera de laburar, sus ganas, sus miembros, su historia, sus acciones, sus obras.
La bondad de los misioneros de un grupo de jóvenes se demuestra en cada acción, en cada encuentro entre ellos, en como transpiran la camiseta, en como permanecen unidos en la adversidad, en como se llevan, se bancan, se alientan, se abrazan, se levantan, se animan, se amigan, se hermanan.
Yo me imagino que si una comunidad, ya sea Ranchos, Río Luján o cualquiera, conoce estas cosas de San Francisco Javier, tendrá ganas de hacer lo mismo. Creo que la misión también pasa por ahí, por mostrar absolutamente todo desde el corazón. Mostrar la bondad que nos hace participar de tantas cosas, a pesar de ser muy distintos. 
Decía San Francisco Javier: "Ay de mi sino anuncio el evangelio" Y anunciar forma parte de la misión. Y la misión es un acto de bondad que se realiza no solo desde las palabras, sino también desde el corazón y desde las manos. Esas que se ensucian, se embarran, se manchan con tal de cambiar la realidad. 
Ojalá que la bondad de mi comunidad sea conocida por todos, que la bondad de mis misioneros sea conocida por todos, que el corazón de esas hermosas personas lleguen a todas, en este caso, las personas de Ranchos.

martes, 23 de octubre de 2012

Ser todos Uno solo

Y resulta que, promediando Octubre, el grupo misionero San Patricio de la Parroquia Nuestra Señora de Aránzazu de San Fernando, tiene lema de misión. Es que, siempre que Tata Dios acompañe, en Diciembre estaremos visitando nuevamente el barrio Río Luján, pegadito a Manzanares, partido de Pilar.
"Que todos sean uno para que el mundo crea"
Es el pedido de Jesús a su padre en el evangelio de San Juan. Cuando se propuso la frase, previo a elegirla definitivamente, pensé en cual era la misión que teníamos que realizar en el barrio. Pensé que en mis primeros días en Diciembre del año pasado había notado la poca participación de las personas en la capilla. Es cierto que hace muy poquito fue levantada pero noté la necesidad de una comunidad, de formar una comunidad.
Y no es fácil formar una comunidad. Pensé en muchísimas cosas que uno tiene que dejar de lado cuando se predispone a trabajar en una comunidad. Porque no importan las diferencias, las opiniones, lo que importa es tirar todos para el mismo lado. Y hacerlo desde la diversidad de, justamente, opiniones y diferencias.
Para misionar en el mundo de hoy, llevar el mensaje de Jesús que vence la opresión, la injusticia, la discriminación, la violencia, el odio; necesitamos estar unidos, estar hermanados, formar comunidades. En fin, necesitamos ser Uno. Como Jesús y el Padre.
Me parece que nuestro objetivo es ese, que nazca una comunidad, viva, hermanada, en Río Luján. Con gente con ganas de trabajar por esos pibes. Es nuestro objetivo lograr que se trabaje ahí. Una localidad pegada, muchos barrios privados muy cerca. Muchos orígenes para una futura comunidad, que deberá entender que todos juntos son uno solo.
No es fácil. Pero no es imposible.
Esa futura comunidad, que trabajará (Perdón si hablo desde utopías) por los pibes de ese barrio, luchará para que, justamente, esos pibes crean. No me importa si después creerán o no en Jesús exactamente o la iglesia. Pero que crean que vale la pena vivir, que crean que pueden, que tengan esperanza, que valen. Porque dentro del olvido y la pobreza de muchos de ellos, es casi imposible que crean en ellos mismos. Que crean que puedan tener un futuro. Y para alguien que lo ha visto con sus propios ojos, no hay nada mas triste que eso.
Por eso querido Dios, Que todos sean uno para que el mundo crea...Perdón: Que todos sean uno para que Río Luján crea.